Subir o bajar de la montaña constituye la realización de actos trascendentes, que dejan huella -perceptibles en mayor o menor grado- en el alma de los humanos, influyendo en el ánimo y por ello en el comportamiento. Llegar a las montañas es verdaderamente el gran hallazgo que nace del eterno anhelar del espíritu. Elevarnos en esos escenarios de piedra, agua, hielo y luz, sobre todo luz, es caminar hacia la liberación, el gran sentimiento de la cima. En la ascensión, travesía o escalada a las cimas, es donde verdaderamente podemos "probarnos" a nosotros mismos sin engañarnos con "experiencias prestadas". Nietzsche situó a Zaratustra en las montañas alpinas, Buda nació en el Himalaya, Sinaí fué en sus escarpaduras escenario de Dios y de Moises, el Arca de Noé zozobró en el monte Ararat... Todas las montañas de la Tierra son mágicas y constituyen un bosque inmenso de símbolos.

César Pérez de Tudela

jueves, 31 de mayo de 2012

Alto Atlas. Parte 1. Aproximación al refugio de Toubkal.


Después de muchos meses de preparativos, recopilación de información, elección de fechas, preparación de material, consultas a conocidos y decenas de correos electrónicos cruzados entre nosotros (Juanjo, Raúl y Pablo), el lunes 30 de abril tomamos el avión que nos lleva de Madrid a Marrakech con la intención de ascender hasta la cumbre del Jbel Toubkal (4.167 m) y otros picos de más de 4000 metros del Alto Atlas.

En vuelo hacia África.
Los tres mosqueteros en el aeropuerto de Marrakech-Menara.
Llegamos al aeropuerto de Menara a las 3 de la tarde. Allí un chófer nos está esperando para llevarnos hasta Imlil, pequeña población situada a unos 60 kilómetros al sur, que constituye la puerta de entrada al Alto Atlas y donde pasaremos la primera noche alojados en el albergue propiedad de los mismos dueños que el refugio Les Mouflons.

Una vez cumplimentados los trámites aeroportuarios (no olvidéis llevar un bolígrafo a mano para rellenar los impresos de control de entrada) y la recogida del equipaje facturado emprendemos el trayecto en una furgoneta que nos traslada (a toda velocidad) desde Marrakech a Imlil en una hora, sin contar el tiempo que paramos en una localidad intermedia (parada sugerida por el chófer) para visitar una casa típica beréber y una cooperativa en la que se fabrican artesanalmente productos derivados del aceite extraído de la semilla de argán, árbol que sólo podemos encontrar en esta parte del mundo.

Trabajando con la semilla de argán.

El primer tramo del viaje es monótono: terreno llano y carretera más o menos recta hasta la localidad de Tahannaout. La carretera flanqueada por eucaliptos discurre junto a plantaciones de olivos.

Más adelante la carretera se retuerce un poco. Circulamos por el valle del río Assif n’Ait Mizane, que baja directamente desde las cumbres del Atlas. En poco tiempo llegamos a la localidad de Asni. A través de las ventanas de la furgoneta vemos cada vez más cerca la impresionante muralla del Alto Atlas.

La carretera que nos lleva a Imlil.

Las montañas, cada vez más cerca.

En este último tramo la carretera se encuentra en obras y se ha convertido en una pista de gravilla. Afortunadamente ya estamos cerca de nuestro destino y a la velocidad que vamos no tardamos en llegar a Imlil. Lo primero es descargar los petates y trasladarnos a nuestro alojamiento, ya que la furgoneta nos deja a unos 200 metros pues no puede subir por el último tramo de camino.

Llegada a Imlil. El de la izquierda es el chófer (Fernando Alonso)

Allí nos recibe el encargado del albergue, que nos obsequia con un té mientras hablamos de los preparativos para el día siguiente, hora de salida, etc.

Bienvenida con té.
Nuestro alojamiento en Imlil es el “Annexe Refuge Les Mouflons”. Es un establecimiento sin lujos pero bastante agradable. Se encuentra en la parte alta del pueblo, por lo que desde su terraza de acceso se puede observar el fondo del valle, en el que se encuentran la mayor parte de las viviendas. El verdor de las zonas bajas contrasta con la aridez de las montañas.

Nuestro alojamiento.

Vista de Imlil.

Como nos sobra un poco de tiempo hasta la cena nos damos un garbeo por el pueblo, curioseando en los pequeños comercios donde nos ofrecen fósiles, geodas, artesanía, pañuelos… 

Comerciantes de Imlil.
El de el pañuelo beréber es Raúl... con un colega.

Pasamos junto a carnicerías con el género expuesto al aire y las moscas, puestos callejeros donde preparan comida, venden dulces o te afeitan la barba. 

Nuestra carnicería de confianza.
 En otros podemos encontrar material de montaña viejísimo, seguramente abandonado por montañeros “occidentales” pero que aquí espera tener una segunda oportunidad.

Paseando por el pueblo.
Ha atardecido y refresca (no en vano estamos a 1700 metros de altitud) así que compramos unas botellas de agua para mañana y regresamos al alojamiento, donde nos espera la cena: de primero harira (sopa típica marroquí a base de tomate, legumbres y fideos o arroz) y de segundo tajine de carne. De postre ensalada de naranja y, como no, té.

Raúl, descubriendo la gastronomía marroquí.
Estamos prácticamente solos en el albergue (solo una pareja de españoles) así que nos vamos a nuestra habitación a preparar los macutos para mañana: lo más pesado lo llevará la mula y nosotros sólo cargaremos nuestras mochilas pequeñas con lo imprescindible, ya que la caminata va a ser larga. Una vez hechos los preparativos, nos metemos en la cama y a dormir como lirones.


Es día 1 de mayo. Hemos descansado bien y desayunado mejor (zumo natural, tortilla, tostadas, café…) así que afrontamos con ganas nuestra travesía de hoy hasta el refugio “Toubkal-Les Mouflons”.

Desayuno en el "Annexe Les Mouflons".

Se trata de un recorrido fácil por sendero bastante claro pero exigente, ya que tenemos que salvar un desnivel de 1500 metros en unos 11 kilómetros.

Preparado para salir.
El auténtico 4x4 del Atlas.
Una vez cargada la mula emprendemos la marcha, al principio subiendo unas empinadas cuestas que nos llevan, después de varios zig-zag, hasta la pista de tierra que une Imlil con la vecina población de Aremd (o Armed, según se lea en unos carteles u otros).
 
Abandonamos Imlil.

Primeras cuestas, bajo los nogales.
 
La pista de tierra, con Armed al fondo.

Mirando hacia atrás, dejamos Armed.
Tras un breve descenso llegamos al pedregoso lecho del río Assif n'Issougouane y lo cruzamos en diagonal hasta su margen derecha, por cuyas laderas el camino vuelve a ganar altura rápidamente (1 hora desde la salida).

El pedregoso lecho del río.
Después de un rato llegamos al primer tenderete-kiosko donde nos ofrecen zumo, agua, refrescos…

Llegando al primer kiosko.
Bar de carretera.

No compramos nada y seguimos avanzando en constante subida hasta el pequeño santuario de Sidi Chamharouch (2:10 h desde Imlil). De nuevo cambiamos de margen, ahora cruzando el torrente de montaña por un pequeño puente de hormigón. El camino gira hacia el suroeste y afrontamos un fuerte repecho. Estamos a unos 2350 metros sobre el nivel del mar.


Llegando al santuario de Sidi Chamarouch.

A partir de aquí el camino se hace más monótono. Se trata de una continua subida a media ladera del margen izquierdo del arroyo. El sol nos da de lleno y el paisaje es un auténtico pedregal así que decidimos hacer un descanso.

Piedras...

...y más piedras.
Paramos en un pequeño tenderete en el que compramos pan y nos hacemos unos bocadillos. Después de un descanso continuamos, afrontando el último tramo del camino: más de lo mismo, aunque ya intuimos dónde debe estar el refugio pues cada vez estamos más cerca de las primeras nieves (muy escasas este año).

Restaurante a 3000 metros.

Finalmente vemos el refugio, o mejor dicho los dos refugios ya que el Refuge Louis Neltner (propiedad del Club Alpino Francés) está pegado a la parte trasera del nuestro (el Refuge du Toubkal-Les Mouflons).

El refugio.
Parece un complejo hotelero en medio de la montaña.

Si he de recomendaros alguno, sería este. Es más moderno que el Neltner, menos masificado, no te cobran por ducharte y los problemas de frío que parece ser que tenía antes ya los han solucionado con la instalación de un par de estufas de leña (en la sala de estar-comedor había que llevar manga corta).

Alegría de haber llegado.

En la entrada al refugio. ¡Primera prueba superada!

Estamos a 3200 metros de altitud y en total hemos empleado cinco horas incluyendo paradas. Una vez instalados bajamos al salón, donde nos agasajan con un té con pastas.


Juanjo, ilusionado con el té.
El resto de la tarde lo pasamos en la terraza que hay junto a la entrada, charlando y planificando la ascensión de mañana. Curiosamente hay buena cobertura de telefonía así que aprovechamos para llamar a nuestras familias y decirles que todo va bien.

Juanjo ameniza la tarde con su afamado baile "Moonwalker" ataviado con mallas y un gorro del Betis.
 
Mientras, el público contempla el baile entusiasmado.
Las nubes aparecen y sumen al refugio en una densa niebla así que pasamos dentro y esperamos la cena. ¡Vaya, hombre! Otra vez harira y tajine. ¡Que casualidad! Si por lo menos estuviera como la del alojamiento de Imlil… pero no, esta está peor. En fín, no nos pongamos exigentes, que estamos en un refugio de montaña. Exactamente donde queríamos estar: en el corazón del Alto Atlas. Mañana nos espera el Toubkal. (Ir a Parte 2: Ascensión al Toubkal)

2 comentarios:

  1. Que hay?, soy Luis Manuel (el brother de Raul); muy interesante la crónica, me habéis puesto los dientes largos. Espero que la 2ª parte no tarde tanto, ansioso estoy por leer vuestras andanzas por marruecos. Un saludo.

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  2. Gracias Luís, bienvenido!
    Supongo que ya habrás visto las otras dos crónicas de nuestro viaje al Atlas. Cuando haya una oportunidad nos vemos con el máquina de tu hermano.
    Un saludo

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